Y resulta que todo se trata de eso, de costumbres y pereza. Te acostumbras a algo, te acomodas, te sientes confortable y llega un punto en el que no te preguntas si hay que cambiar la butaca o no, entre otras cosas porque no sabrías que hacer con la vieja ni dónde ir a buscar una nueva. También depende de presupuestos, claro, crees que la que tienes puede ser vieja pero "en su momento era de lo mejorcito eh?", sin preguntarte si ahora sigue siendo de lo mejor, o no. Pues bien, un día llegas a casa y la butaca ya no está. No se sabe si es que se rompió, si ha sido donada, o si alguien ha tenido el afán de modernizar los butacones del hogar. Mientras te enteras de qué le ha ocurrido al butacón, te preguntas si tal vez, y insistes, tal vez, se lo hayan llevado para tapizarlo de nuevo, pero la parte realista de ti dice que en esta sociedad de consumo lo de tapizar viejas sillas ya no se lleva, ahora sale más barato comprarte una nueva, o incluso esperar al día de recogida de muebles y capturar alguna que sea lo suficientemente vieja como para que sea etiquetada de retro, pero no tanto como para que parezca sacada de un basurero. Pero se supone que a medida que vas echando un vistazo a nuevas butacas te das cuenta de que ya era hora de renovar, "renovarse o morir" dicen. Te medio encaprichas de una que ves en el escaparate y piensas "esa es", entonces, con toda la decisión que butaquilmente se pueda tener, entras, preguntas, y te sientas. Meneas al culo, reposas los brazos en los reposabrazos, sigues meneando el culo, tocas la tela, el culo sigue meneándose, y entonces es ahí cuando llega la decepción, tenías la butaca que tenías porque ya tenia la forma exacta de tus posaderas, ni muy blanda, ni muy dura. Por un momento echas en falta la butaca, pero piensas en lo positivo, miras la nueva, recuerdas la vieja, con esa tela ya desgastada, parda, con bolillas del roce..."esta nueva butaca la voy a tapizar como me dé la gana". Eso si, primero tienes que decidirte, porque esa que has entrado a mirar no te ha cautivado.
lunes, 19 de diciembre de 2011
jueves, 15 de diciembre de 2011
he visto tiempos mejores
Comes cristales y esperas no cortarte, sorprendida por toda la sangre que brota incesante, perpleja, sin entender nada de lo que pasa, curas la herida, y cuando deja de brotar te preguntas qué pasó para que todo aquello emanara de ti con tales borbotones. Concluyes que hay veces que las cosas no se entienden, que para que la vida sea vida se deben acontecer una serie de sucesos y así poder hacer uso de la cronología, y bien, sin sentido, todo es mejor, porque de algo que no entiendes puedes entender cualquier cosa. Pero te desentiendes del asunto, se trata de algo aislado, y decides volver a comer cristales, y vuelve a fluir ese plasma rojo, plasmada te quedas, y te tranquilizas. Más adelante se vuelven a acaecer más peripecias espasmosas, y ya cansada, te entra el hambre. Comes cristales, pero antes de hacerlo, tienes el botiquín preparado.
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