Cuando el cielo está nublado puede entristecerte, pero cuando está blanco te hunde. Te hunde porque no tiene color, no le ves volumen ni límites y de golpe parece que sea un techo blanco que se te cae encima. Andas curvado porque notas el peso de ese cielo blanco en tus hombros y te cuesta alzarte porque no sabes a dónde mirar, no puedes mirar arriba porque ese blanco vacío te resulta vertiginoso y así, te marea, y entonces vuelves a bajar la vista hasta que viene el viento, con el viento se van las nubes, y con las nubes ese peso que te hunde en días abúlicos como el de hoy.