Tenía frío, así que se dirigió a la zona de moda en busca de algo con qué abrigarse. Podría haber cogido una bata, un jersey o una sudadera, cualquiera de ellos de hombre; pero eso es algo que ya hace cada día, y uno no se queda cada día encerrado en un centro comercial. Sí, sería una pena desperdiciar una oportunidad así con tales monotonías. Se acercó al pasillo señalado por un gran cartel rosa bajo título "moda mujer". Quería algo hortera, quería lentejuelas, hombreras, un color caqui, con puños cerrados, incrustaciones tal vez. En su lugar encontró un suéter color violeta, un violeta apagado. Era realmente suave, una suavidad que de golpe lo llevó a su niñez; el momento que más ansiaba durante el día eran las 5 de la tarde, para salir corriendo del aula y abrazarse al regazo de su madre, que lo esperaba allí, en la puerta, con un bollo de pan y una chocolatina en la mano. Aquella chocolatina hacía que olvidara todos los golpes que había recibido a lo largo del día por parte de Pedro y Jesús. Violeta, Lila, Malva. El color malva, las malvas, siempre le recuerdan a los funerales. Es suave pero a la vez tiene algo inquietante ese jersey. De golpe se ve en medio del funeral, ese momento de todo funeral en el que sientes que estás en tu propio entierro, y ves a toda esa marabunta de gente que no conoces, pero que solo profieren encomios sobre ti. Ese momento en que tu familia se desvive por ti; ahora, pero se desviven por ti. Ese momento en el que tienes todas las flores que no recibiste en tu cumpleaños, que no te regalaron ninguna de tus parejas. Todas las flores que plantaste y por falta o exceso de agua, murieron, como tú, como el que está allí dentro. Si, y justo ahí, en el pasillo de "moda mujer", estaba muerto. Lo estuvo un largo rato, hasta que decidió estar vivo. Y es que creer una cosa u otra es realmente importante; podríamos incluso decir que se trata de una cuestión de vida o muerte; eres quién crees que eres, así que al final lo importante es creer que eres alguien o algo importante, o por lo menos, creer que estás vivo. De no ser así, si no te montas un buen personaje y te tienes que conformar con ser quien realmente eres, estás perdido; es decir, muerto. Pero él decidió estar vivo, y recordó que necesitaba una nueva tarjeta de memoria para la cámara. De camino al pasillo de " fotografía e imagen" se acordó de que la batidora no le iba muy bien últimamente. Media vuelta y tres pasillos más tarde, en "material escolar y oficina", cogió una libreta y un bolígrafo y empezó a hacer una lista con todas las cosas que tenía que comprar. Tan solo veinte minutos antes había creído que se encontraba ante la muerte; tardó ese mismo rato en darse cuenta que se encontraba en un centro comercial.