domingo, 29 de agosto de 2010

cuando el calor se condensa

Se me nubla la vista, el estómago me da un vuelco, las piernas flojean, y mi cabeza se va lejos; lejos es algún lugar al que nunca he ido, de donde no sé regresar, un lugar en el que no me encuentro y como no me atrevo a dar paso firme tampoco puedo perderme. Algún alarido de un ser externo cualquiera me devuelve a la posición real, dejando mi emplazamiento virtual en el olvido, aunque conmigo traigo la flojera, la niebla, y el sudor, esas lágrimas que mi cuerpo lloran como queja de un sofoco que castiga toda pureza. Y mi integridad se va por esas gotas porque ralentizan el tiempo y me permiten, para mi desdicha, ver con claridad lo que pasa por mis ojos.





Y esto me recuerda a Boris Vian...

"Cuando el pantalón le hubo caído sobre los pies, se lo quitó, arrojándolo
a continuación por el hueco de la escalera. Ciertamente, aquella calina era
tan agobiante como una pichona enamorada. Y si Lerond se paseaba con
su mancebía al aire ¿por qué tenía Orvert que continuar a medio vestir ... ?
O todo o nada."

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