Algunas noches, cuando ya me he acostado en la cama, bocabajo, cara pegada en almohada y ojos cerrados, noto como el interior de mi cuerpo de desplaza, somier abajo, a una velocidad vertiginosa.
Y es entonces cuando noto un cosquilleo en mis adentros, y por un momento noto mi cuerpo deshabitado, vacuo; siento que desafío la gravedad y, aunque noto el tacto de las sábanas, sé que en ese preciso instante estoy levitando, y me alegro, y sonrío, porque entiendo que ese momento es lo más cercano a volar libremente que pueda llegar a estar nunca.

No hay comentarios:
Publicar un comentario