martes, 25 de septiembre de 2012

La soledad en un centro comercial. (Parte 1)




Se quedó encerrado porque le entró un apretón mientras estaba en el pasillo de los licores. Acostumbrado a otro tipo de horarios comerciales, entró al centro comercial a eso de las ocho. Se fue directo a la zona de comida y empezó a mirar productos y precios, pero nada le convencía porque no entendía nada de lo que veía en las etiquetas. En realidad se lo pasaba bastante bien, era casi como si estuviera en un concurso de la televisión, uno en el que el reto podría ser algo así como: "si consigues llenar la cesta de la compra con estos productos que te pedimos, ¡conseguirás el equipo Home Cinema que tu escojas entre la gran variedad que te ofrecemos! [txan txaaaann] (sintonía musical del programa)". Pues bien, él intentaba averiguar si lo que tenia en la mano era una tarrina de yogur, queso de untar, o mantequilla. El caso es que buscando cervezas acabó en la zona de los licores, pensó que allí la gente no consumía mucho alcohol ya que en el pasillo apenas había un alma. Mientras sostenía una botella en las manos y la examinaba desconcertadamente, su estómago le regaló una revolución que lo llevó a recorrer los pasillos corriendo en busca de los lavabos. Una vez encerrado, escuchó unas voces, alguien que creyó se dirigía a alguien en el lavabo pero, lengua extraña, no entendió nada y decidió ignorarlo y seguir con la labor que le estaba haciendo sudar la gota gorda. Mientras se lavaba las manos se dio cuenta de la tranquilidad que se desprendía, de un silencio reconfortante y a la vez turbador. Asomó la cabeza por la puerta, tímidamente, y descubrió que, luces apagadas, se había quedado solo allí dentro.  


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