Y mientras todo y nada pasa, yo estoy ahí, sentada en la arena, observando el sol con los ojos cerrados, escuchando las historias que susurran las olas mientras rompen contra las rocas que separan las pequeñas calas en forma de U. Parece que hablan sobre el vaivén de su ser, comentan que no logran estabilizarse, que nunca mecen los mismos peces, nunca chocan contra las mismas rocas ni acarician la misma arena. Oigo como se quejan de no poder agarrarse a nada, no quieren seguir siendo una amenaza para pequeños veleros, pero saben que son olas y que, como tal, con calma no existen. Por un momento pienso sobre lo que debe significar ser tan intermitente como una ola; ser agua y espuma y poder crear esa música cuando te enfadas y te pegas contra las rocas sin tan solo salir lastimada. Pero de golpe, alguna nube- o eso intuyo- tapa el sol y mis ojos, todavía cerrados, ya no reciben pantallazos amarillos; ahora todo recobra una tonalidad más tenue y rojiza. Entonces pienso en la vida de las olas de noche, y en ese instante me asusto porque presiento un cielo que descarga turbadores rayos y fragosos truenos; rápidamente abro los ojos y, por fortuna, me tranquilizo. Es de día, el agua está serena, el cielo despejado, no estoy a la deriva; hay alguien a mi lado. Ahí es cuando mi corazón deja de palpitar de manera frenética silenciando mi respiración. Y aunque ahora no se escuchen mis constantes vitales, yo sigo viva y sentada en la arena.
Confusion will be my epitaph.
As I crawl a cracked and broken path
If we make it we can all sit back
And laugh
As I crawl a cracked and broken path
If we make it we can all sit back
And laugh
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