Mientras unas cuerdas se afinan, otras se encuentran perdidas en una disonancia temporalmente perpetua que las hacen, cuando menos, especiales. Han dado ya tantas vueltas que ahora, vayan hacia un lado u otro, suenan de la misma manera, aunque ese mal oído mío no me permite descifrar si se trata de un la, un si, o un no. De lo poco que las he mirado en este tiempo están ya herrumbrosas, y por que esa herrumbre no pase a la yema de mis dedos, me espero a algún momento en que se restauren; o que una mano ajena, temeraria, vigorosa, me haga el tremendo favor de reemplazarlas. Ya una vez se cambiaron las cuerdas por otras mejores, pero yo que no entiendo de esto, que no entiendo de aquello, las sigo viendo iguales. Si no resuelvo tocarla, si no resuelvo tocarla...
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