domingo, 14 de noviembre de 2010

como una ventana con rejas

Intento dormir pero todo me da vueltas, mi cabeza retumba, los oídos me pitan, y mi estómago me dice que algo no he hecho bien. Me tomo una pastilla, la cosa mejora, pierdo el conocimiento momentáneamente, y, cuando lo recupero, ya han pasado cinco horas. Mi físico va a mejor, pero mi psique no. El estómago ya no me dice nada, me lo dice la cabeza, que por suerte ya no retumba. Puede ser que sea normal, pero no se trata de qué es normal y qué no lo es, ni si quiera se trata de si se espera que sea así, si concuerda con lo que yo soy o si cuadra con lo que me rodea. Se trata de que yo, que lo he intentado más de una vez, quiero provocar un cambio voluntario. Hay que hacer un reset y volver a instalar todo el software, porque hasta que no haga esto el virus este (un troyano seguramente) no dejará de afectar toda tarea llevaba a cabo en el procesador que resulta ser mi cerebro. Las cosas no es que vayan mal, porque no es cierto, el problema es que hay algunos programas que mientras los usas en exclusividad van a las mil maravillas, el problema es que es inevitable el uso de esos programas con otros tan elementales como pueden ser la bandeja de entrada, y cada vez que abro la bandeja de entrada la CPU o la placa base o nosé, se bloquea; y no solo no consigo abrir bien el correo sino que el otro programa (pongamos que sea un reproductor de mp3) se queda medio colgado, así que ni puedo ver el mail, ni puedo escuchar música. Por eso quiero hacer un backup o un reset, para poder hacer una criba de programas, desinstalar y borrar todo lo que no me interesa y mantener aquello que de momento va bien. Aunque si todo va bien, las cosas se convierten aburridas y tampoco se trata de eso, supongo.




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