lunes, 13 de diciembre de 2010

todas las sílabas


Yo no lo conocía en persona, y tampoco lo había escuchado mucho, pero me apunté. Llegamos a la casa tras subir las diversas cuestas y escaleras de las callejuelas del Carmel. Habían ya algunos allí; sentados, entre copas y guitarras. - Bienvenidos, sentaros, un vinito? - Cuatro cintas con corazoncillos acojinados y bolas de navidad iban de cada esquina del techo del salón hasta la lampara, que estaba en el centro del mismo. Acogedor supongo que debe ser la palabra. La luz cálida y más cálido el ambiente entre comentarios, risas y cachondeos de ese acento canario tan lejano y próximo a la vez. Poco a poco la gente iba llegando, en el salón ya no se cabía; todos fuera, en la terrazita de atrás, donde la luz seguía siendo igual de cálida, aunque también ácida, supongo, por el limonero que la presidía. Con la guitarra, se sentó en la silla, todos nos callamos y empezó a tocar. Sonrisas, aplausos, mas cachondeo, y mucho amor, como una pequeña familia. Y el vello de punta a ratos, como vendavales que proferían de su garganta. Algunas bofetadas, por lo que decía, pero al acabar, un abrazo a cada uno, y uno más grande entre todos. Y allí, todos nos sentimos afortunados por haber vivido aquel momento tan atípica y tópicamente mágico. Hay muchos pequeños tesoros por conocer, que gracias a las bicicletas y demás gente con mismas pedaleras puedo advertir, y todo esto me va formando un poco más como ser, me siento más extraordinaria y me alegra poder decir que todavía queda esperanza.

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