Vamos a luchar contra las injusticias, vamos a definir lo indefinido, valorar lo devaluado, medir lo desmedido y entender lo incomprensible. Vamos a ver con los ojos cerrados, oír pero no escuchar, y tocar sin palpar. Besar sin sentir, abrazar sin rozar, reír sin llorar y llorar sin parar. Vamos a seguir haciendo lo mismo que ayer, mañana intentaremos hacer lo que tendríamos que haber hecho hoy, y pasado nos daremos cuenta de que ya, entonces, y luego, es siempre el mismo momento. Seguiré esperando lo inesperado, confiando con desconfianza, y caminando con pies de plomo. Comeré dulces para alegrar la amargura de tener que vetarlos, y me amargará pensar que la dulzura es acerba. Como yo.
Como yo, que esta pasada noche ya no he soñado, bueno, que no recuerdo ningún sueño. Nadie me ha hecho llorar en sueños, no he visto como mataban a nadie, ni he vivido ningún tipo de visión apocalíptica. Creía que me estaba volviendo loca, pero esa locura me atraía; por un momento sentí que tal vez habita un genio en mí y despertaba por las noches, proveyéndome de relatos oníricos (además de verdad) que tendrían como fruto la obra que iniciaría mi carrera de literata. Nada más lejos de la verdad. Tan común como un jilguero, aunque yo sin poder alzar el vuelo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario