Hoy el
miedo me ha cogido la mano, la angustia me ha mirado a los ojos, y la
deserción me ha dado las gracias. Todos los estados bajo un mismo
número, 90. Todos ellos con cabello blanco, tez arrugada y un eterno
vestido negro que por más que sea otro siempre será el mismo. La
ilusión perdida, el hastío, bajo un mismo tedio, en una misma
silla, junto a una sola ventana. Todos ellos, uno. La valentía de
verte sin poderte ver, de ir donde no quieres ir y desear ir al lugar
del que siempre tú, y todos, huiste. Dedicada a la dedicación, al
dar sin recibir, y ahora que recibes, no te gusta lo que ves.
La
vida tendría que ser al revés, dicen, todo sería más fácil, pero
entonces nada sería igual, ni las cosas tendrían el mismo valor. Y
te pido perdón desde aquí, y ahora que ya te he soltado la mano,
por usar tu historia y convertirla en la mía, pero si eso hago es
por el valor que tienes y quiero tener. Lloro ahora, y no delante
tuyo, me he aguantado porque si tú tienes el coraje de seguir
entera, yo no tengo ningún derecho a romperme.
Y qué
si cocino sola, pero cocino, me levanto y camino, y corro y a veces
me caigo, pero me levanto sin más, sintiéndome patosa tal vez, pero
ahora veo que eso es nada, me río, es un juego. Escribo esto, y si
logro ser tan fuerte como tú, llegaré a la debilidad por la que
ahora pasas, a la dependencia más pura, real y cruel que exista. Y
recordaré esta mañana del 26 de diciembre en la que fui con mi
madre a levantarte del suelo de tu baño, en la que te aferraste a mi
mano con fuerza y agotamiento, en la que sonreíste (tan ligera y
intensamente) cuando te di un beso. Siéntelo todo menos vergüenza,
siéntete tú, una heroína, mujer trabajadora que ha llevado sola a
su familia adelante hasta hace dos días. No pienses en la
humillación, aquella que decías, porque tú hoy me has humillado a
mi. Siéntelo todo menos vergüenza, Manuela, porque todos somos
(queremos ser) Tú. Una lección por aprender.
Lección
que hoy, 10 días después, muchos aún ni si quiera conocen. Cómo,
cómo puede existir alguien que después de todo sea capaz de decir
que hoy, que ya descansas, no van a llevarte un ramo porque con tu
edad ya no es necesario. Que les quiten los corazones, señores, pues
no los han usado nunca, y por eso, Manuela, porque no saben lo que es
un corazón, no saben las flores que te mereces.
Lloro
ahora, y no delante tuyo, porque eso ya no podrá ser. Descansa,
ahora y para siempre, Manuela.
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