sábado, 7 de enero de 2012

26-12-2011



                     
                        Hoy el miedo me ha cogido la mano, la angustia me ha mirado a los ojos, y la deserción me ha dado las gracias. Todos los estados bajo un mismo número, 90. Todos ellos con cabello blanco, tez arrugada y un eterno vestido negro que por más que sea otro siempre será el mismo. La ilusión perdida, el hastío, bajo un mismo tedio, en una misma silla, junto a una sola ventana. Todos ellos, uno. La valentía de verte sin poderte ver, de ir donde no quieres ir y desear ir al lugar del que siempre tú, y todos, huiste. Dedicada a la dedicación, al dar sin recibir, y ahora que recibes, no te gusta lo que ves.
La vida tendría que ser al revés, dicen, todo sería más fácil, pero entonces nada sería igual, ni las cosas tendrían el mismo valor. Y te pido perdón desde aquí, y ahora que ya te he soltado la mano, por usar tu historia y convertirla en la mía, pero si eso hago es por el valor que tienes y quiero tener. Lloro ahora, y no delante tuyo, me he aguantado porque si tú tienes el coraje de seguir entera, yo no tengo ningún derecho a romperme.
Y qué si cocino sola, pero cocino, me levanto y camino, y corro y a veces me caigo, pero me levanto sin más, sintiéndome patosa tal vez, pero ahora veo que eso es nada, me río, es un juego. Escribo esto, y si logro ser tan fuerte como tú, llegaré a la debilidad por la que ahora pasas, a la dependencia más pura, real y cruel que exista. Y recordaré esta mañana del 26 de diciembre en la que fui con mi madre a levantarte del suelo de tu baño, en la que te aferraste a mi mano con fuerza y agotamiento, en la que sonreíste (tan ligera y intensamente) cuando te di un beso. Siéntelo todo menos vergüenza, siéntete tú, una heroína, mujer trabajadora que ha llevado sola a su familia adelante hasta hace dos días. No pienses en la humillación, aquella que decías, porque tú hoy me has humillado a mi. Siéntelo todo menos vergüenza, Manuela, porque todos somos (queremos ser) Tú. Una lección por aprender.

Lección que hoy, 10 días después, muchos aún ni si quiera conocen. Cómo, cómo puede existir alguien que después de todo sea capaz de decir que hoy, que ya descansas, no van a llevarte un ramo porque con tu edad ya no es necesario. Que les quiten los corazones, señores, pues no los han usado nunca, y por eso, Manuela, porque no saben lo que es un corazón, no saben las flores que te mereces.
Lloro ahora, y no delante tuyo, porque eso ya no podrá ser. Descansa, ahora y para siempre, Manuela.



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