Hacía frío, y con los guantes apenas podía sujetar las carpetas y libros sin que resbalaran. Quería quitarme los guantes para que las carpetas cesaran de resbalar, pero cuando me dí cuenta me encontraba haciendo malabares en medio de la calle para evitar que me cayeran el bolso, las carpetas, los libros...con el asa del bolso en el antebrazo, con el cual también aguantaba el libro, y con las carpetas bajo el otro brazo; mi estado nervioso se encontraba a proporción inversa del frío. Enervada, lo puse todo en su sitio mientras seguía a paso ligero camino al trabajo, no sin antes tropezarme (sin, por suerte, caer). Justo al pasar por la pasarela, en frente de la librería, vi un banco. Claro, si es que no todo es tan difícil, solo tenemos que mirar alrededor y ver dónde necesitamos apoyarnos. Y uno por la calle siempre encuentra bancos, y si no es un banco será un bordillo alzado, un contador... Pero lo más importante es recordar que si tienes sed, solo has de beber.
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