domingo, 30 de enero de 2011

el brazo era esponjoso





Estaba despierta. Llegó un amigo al que hacía mucho que no veía - ahora vivía en otro país -, nos dimos un abrazo efusivo. Algo pasó con un brazo. Me volvió a abrazar y me tiró en un sofá en el que me quedé encajonada y rodeada por él, y aunque estaba a gusto, me sentía incómoda; de algún modo intuía que no tendría que estar haciendo aquello. Me quise apartar pero me dijo que no tenía que hacerme de rogar porque total -según él- yo no tenía planes. Pero le dije que sí, que había quedado, y la cara le cambió; la mía también. Me quería ir y estaba en algún lugar parecido a "els encants"; muchos trastos, mucha gente y apenas sitio para pasar. Uno, que vio que yo ya me iba, me dio su brazo, y me comentó que por favor me lo llevase ya que a él allí le estorbaba. Lo cogí y me disponía a marchar cuando pensé que no quedaría muy bien si la gente me veía con aquello en la mano, así que le pedí una bolsa y metí el brazo allí dentro. Llegué justo a tiempo para dejar la bolsa en el suelo y ponerme a bailar una de las córeos de M. Jackson. Algo más pasó, pero no lo recuerdo.
El caso es que justo ahora que transcribía esto, he recordado uno de los cuentos - o relatos, a preferir - que, sin poder justificarlo, más me han fascinado. 




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